Entrevistas
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1996. Silvia Bufalini era técnica en hemoterapia. Estaba de guardia en el hospital mientras escuchaba de fondo un caso que resuena en nuestro país hasta el día de hoy: el crimen de María Soledad Morales. En la televisión, una periodista explicaba que uno de los problemas con el caso es que no hubo un criminalista que, desde el inicio, pudiera analizar las diversas evidencias para ayudar a determinar lo que había pasado. Silvia encontró así la definición que estaba buscando hace tiempo. Y tuvo suerte: ese año, por primera vez en el país, se iba a permitir que civiles pudieran estudiar la carrera de Licenciatura en Criminalística. Desde que se había fundado la carrera universitaria, en el año de 1977, solo los policías podían estudiarla. De esta nueva camada de 60 estudiantes, solo 4 eran civiles y solo 2 eran mujeres. Una de ellas era Silvia.
En la actualidad, Silvia Bufalini es una de las criminalistas más destacadas del país. Ha colaborado en cientos de casos. Muchos de gran trascendencia pública.
Conversamos con ella para entender su trabajo, más allá de las fantasías producidas por CSI y ante la urgencia de que la justicia priorice esta disciplina en los equipos de investigación criminal.
IPA: Empecemos por hacer algunas definiciones, ¿qué estudia la criminalística y cómo se aborda la disciplina?
Silvia Bufalini: La criminalística es una ciencia multidisciplinaria que tiene como finalidad la investigación del delito. ¿Cómo se llega ahí? La criminalística tiene sus ciencias propias, como la balística o la papiloscopía, pero además necesita de otras ciencias —como la medicina legal, la criminología, la psicología forense, la antropología forense, la toxicología, la química legal— para llegar a establecer cómo se pudo haber producido el hecho, quién o quiénes lo podrían haber producido, en qué momento habría sucedido. Esa es la tarea final de la criminalística.
Semánticamente se confunde con la criminología. La criminalística estudia cómo, dónde, cuándo, quién o quiénes; la criminología estudia el por qué. Tiene una mirada diferente.
Por otro lado, está también enlazada la medicina forense: nosotros la necesitamos y ella también a nosotros, pero son carreras diferentes. La medicina legal es un posgrado dentro de la carrera de medicina. Así que, en definitiva, estamos hablando de tres carreras diferentes: criminalística, criminología y medicina legal o forense que se enlazan en la investigación del hecho criminal pero son carreras con distinto objeto de estudio.
¿Por qué decimos que la criminalística es más multidisciplinaria? Porque un hecho es abarcativo. No es solamente balístico, o solamente una herida de arma blanca y se termina. Necesitamos ver y entender todo el contexto del hecho y nuestra tarea es interpretar ese contexto. Para eso, lo que se necesita es aunar todas esas otras disciplinas para llegar a entender quién o quiénes podrían ser los autores y cómo se podría haber realizado ese hecho criminal.
IPA: Vemos en muchos casos que en vez de explicarse el hecho se sobrevalora una sola evidencia. ¿Podemos profundizar un poco en la idea de contextualizar las diferentes evidencias?
SB: El trabajo de la investigación del delito es todo lo contrario a centrarse en una sola prueba. Ninguna prueba en sí misma va a decir qué fue lo que sucedió. Necesito de todas las demás. No puedo decir que porque el ADN dio positivo o porque esta vaina salió de esta arma se cierra el caso. Hay un contexto donde se ubica la víctima, el victimario y donde, además, tenés que interpretar la historia propiamente dicha. Ningún peritaje por sí solo me va a dar un resultado para determinar qué fue lo que sucedió. Necesitas todos los que se contemplan en ese hecho.
Por ejemplo, hablar de una muestra de sangre que apareció de la nada y que me da un cotejo positivo de ADN que se asocia con un sospechoso no tiene sentido. Hay que responder otras preguntas: ¿cómo apareció esa muestra de sangre? ¿cómo llegó ahí? Las cosas no llegan mágicamente. En el lugar del hecho hay una interacción necesaria: el que participa se lleva algo y deja algo en ese lugar. A la víctima le deja algo y se lleva algo de la víctima. Si no se pueden entrelazar todas esas interacciones está faltando algo para poder interpretar qué fue lo que sucedió.
Se necesita tener el panorama lo suficientemente abierto como para ver que nada llega por sí solo a un lugar. Esas son las evidencias. La criminalística lo que trata de hacer es transformarlas en pruebas.
IPA: ¿Cómo se desarrolla, paso a paso, tu trabajo como criminalista?
SB: La criminalista va al lugar del hecho y levanta indicios. Un indicio es una información, nada más, y se levantó porque se cree que puede servir. El segundo paso es llevar ese indicio al laboratorio para estudiarlo. La criminalística es cotejo, comparación permanente. Yo levanto una huella digital y necesito otra para cotejarla y decir “bueno, esto pertenece o tiene características o no las tienen de tal o cual persona”. Pero la huella en sí no me dice nada y ese resultado solo tampoco me dice nada. Tengo que juntar esa huella con el ADN, con el arma o con la cuchilla si fue con un arma blanca, tengo que juntar todos los elementos. Si uno puede encontrar una correspondencia, eso puede transformarse en prueba. Un tema aparte que hay que diferenciar es la valoración de la prueba: eso viene después y no es algo que nos atañe como criminalistas, sino que atañe a la justicia. Nuestro trabajo es presentar esa evidencia que se transformó en prueba cuando yo puedo decir que podría pertenecer a tal persona, a tal arma, a tal perfil genético.
IP: Hace poco entrevistamos a Carlos Vullo (1) quien nos daba un ejemplo que podría ser útil en este momento: yo puedo haber tomado mate con una persona, dejar mi ADN en su mate, que esa persona lleve ese mate a su casa y que luego la maten. Si encuentran mi ADN en la escena del crimen no me convierte en el autor del delito.
SB: Ese ejemplo es genial porque la pregunta clave es cómo llegó ese ADN ahí, en qué momento. Si tomé mate a las 3 de la tarde pero a la persona la matan a las 8 de la noche y yo estaba yendo a buscar a mi hijo a la escuela, entonces es evidente que una persona no puede estar en dos lugares a la vez. De eso se trata contextualizar: empezar a interpretar cada una de las evidencias en el contexto de un hecho delictivo y después, cuando esas evidencias son estudiadas, se podrían transformar en pruebas.
Distinto es si yo encontré otras pruebas: no solamente fue a tomar mate, sino que también estuvo en la casa a la hora de la muerte encontré un pelo o una mancha hemática en la escena del crimen que coincide con esa persona. Eso la ubica en ese escenario. Pero si no encuentro nada que ubique a esa persona en el lugar del crimen, no la puedo culpar.
IPA: A nosotras el ejemplo nos generó mucho impacto porque le solemos dar mucho peso, por ejemplo, al ADN y uno puede asumir que mañana pueden acusarte por una desafortunada casualidad.
SB: Claro, ahí es donde entra el contexto. Ustedes ahora están dejando acá ADN: saliva cayendo en algún lado. Uno puede hacer un hisopado y levantar ADN de ustedes. Y si yo aparezco muerta dentro de dos horas van a decir: “bueno, fueron ellas”. Ahora, está bien que las investiguen porque ustedes estuvieron acá. Pero para definir si son las autoras del hecho hay que evaluar otras cosas. No es solamente la presencia de ADN o solamente la presencia del arma o la presencia del cuchillo. Es todo en un contexto en el que se tienen que valorar todas las evidencias, no una sola.
IPA: Hay un trabajo fuerte de interpretación de toda esa evidencia que vas juntando.
SB: Sí. Y hay un abanico de posibilidades un poco amplio porque el resultado pericial, que es lo que vos entregás como prueba, depende de cómo se presentan esos informes periciales, de la capacidad que tiene el perito, de cuán aggiornado está, de si hay revisión de pares para ver si otros expertos están viendo lo mismo.
Cuando vos presentas tu informe como prueba, la interpretación es todavía mucho más fina, porque a veces uno explica en un juicio al derecho y al revés y pensás que se entendió y la interpretación es otra. Eso ya excede a los criminalistas, a los peritos, y tiene que ver con la interpretación de la justicia.
IPA: Vemos también muchos problemas con la recolección y preservación de las muestras y esto después atenta contra la resolución de los casos.
SB: Es importante, cuando vas a recolectar una muestra en el lugar del hecho, conservar la cadena de custodia. Vos tenés que saber cada paso. Recuerdo una causa en la que se perdieron unas muestras de piel en un laboratorio pericial, de un escritorio al otro. Alguien recibió esa muestra de piel, alguien debería haber firmado por la recepción en el laboratorio y en el lugar del hecho también. Una cadena de custodia es fundamental: te permite hacer una traza de quién empezó con esa recolección; cómo se recolectó esa muestra; por dónde pasaron esas muestras. Vos en el laboratorio recibís los paquetes de la recolección de las evidencias y tenés que dejar asentado si los encontrás abiertos o en mal estado, porque quizás hubo algo antes que pudo haber alterado la muestra.
Y todo este tema va de la mano con la capacitación, con la cantidad de personal que se necesita para este tipo de trabajos. A veces son escasos, a veces no hay suficientes recursos. Hay una cuestión también de recursos y tiempos para la formación, no quedarse con lo que era verdad cuando estudiaste. La ciencia no es estática, la ciencia es movimiento permanente. Todo eso hay que llevarlo al campo de la criminalística. A veces se lleva y otras no, como en todas las profesiones.
IP: ¿Vos dirías que hay un efecto CSI, después de todas estas series de ficción que nos adentraron en el universo de la investigación criminal?
SB: CSI abrió el camino para que la gente conociera el trabajo de un criminalista. La carrera de criminalística no es muy vieja pero, en realidad, con respecto a medicina, abogacía o economía, es una carrera mucho más nueva. Eso hizo que durante mucho tiempo se desconociera y actualmente también se desconoce un poco qué hacemos los criminalistas.
CSI fue como la llave, con las diferencias de lo que implica una investigación en Estados Unidos respecto a Argentina, y mostró que existe una carrera que se dedica a la investigación del delito.
A finales de los 90, yo trabajaba en un hospital, hacía guardias, y venía siguiendo muy de cerca el caso de María Soledad Morales. Estaba muy pendiente del juicio y de lo que había pasado previamente. Y en un párrafo de esa información, me acuerdo que mencionaron que lo que sucedió es que en el lugar del hecho no hubo ningún licenciado en criminalística. Ahí entendí que eso era lo que yo quería estudiar. Empecé a buscar, se estudiaba en el Instituto Universitario de la Policía Federal y en ese momento habían abierto cupos para civiles que trabajaran en el Estado. Yo trabajaba en un hospital público y pude anotarme. Éramos 4 civiles en una cursada de 60 y solo 2 mujeres. Hoy, doy clases en la Universidad Católica de Salta y hace ya varios años que son más mujeres que varones las que se anotan a la carrera. Luego se empezaron a abrir otras universidades porque hubo una demanda.
IP: ¿Qué conflictos encontrás entre la formación y el trabajo cotidiano como criminalista?
SB: Me parece importante separar: una cosa es analizar todo un expediente y otra cosa es hacer una peritación puntual, para lo cual la interdisciplina, la verdad, mucho no cambia. Si vas a estudiar un hecho delictivo, todo un expediente completo, esta mirada interdisciplinaria es fundamental. Yo como perito de parte puedo hacer un estudio de todo un expediente. Pero si, por ejemplo, estoy destinado al laboratorio de balística, solamente voy a hacer balística. Eso termina acotando el trabajo y no puedo tener esta mirada interdisciplinaria, pero esto sucede por cómo está pensado el trabajo diario.
En simultáneo sabemos que la ciencia es movimiento. Entonces vos tenés que sumarte a los cambios. Hay gente que trabaja con técnicas de hace 40 años.
En Argentina no hay nada que regule la idoneidad de los que actúan. Incluso, no todos los laboratorios están igual de certificados, no todos están controlados por los estándares internacionales. No hay un ente que te evalúe como idóneo o que impida que te presentes a hablar de algo de lo que probablemente sabes poco y nada. No hay nadie que te pregunte “¿de dónde sacaste esta información?” Y tal vez la sacaste de Google y no hay nadie que diga que no podés venir con ese tipo de información del “Rincón del Vago”. Eso hace que se presente mucha gente que no es idónea y no haya quien pueda poner en tela de juicio lo que está diciendo. La palabra del perito a veces es palabra santa.
IPA: También hay una expectativa de la justicia sobre lo que se espera del perito.
SB: Sí. A veces la justicia espera que vos digas esto es blanco o es negro. Por eso, el cambio para mí no debe ser solamente de los peritos en aggiornarse y tratar de mantenerse al día con los cambios de la ciencia, sino también de la justicia. Entender que la ciencia tiene sus limitaciones.
Me acuerdo que hubo toda una corriente sobre las mordeduras. Si la marca se parecía a tus dientes, te metían preso. Eso quedó demodé. Hay un montón de cosas que en su momento fueron categóricas y que ahora no son así.
IPA:¿Cómo manejás la presión mediática en casos de interés público?
SB: Yo tengo una premisa y es que tengo que ser imparcial. No importa para qué parte trabaje. Voy a usar una frase que usó un amigo mío, por quien empecé a trabajar en el CELS, algo muy coloquial: “si estoy viendo un camello, yo no voy a decir que es una vaca con chichones”. Si yo a vos, como familiar de la víctima, te alimento algo que no es así, a la larga te voy a prolongar la agonía. Y como abogado te voy a exponer a que vayas a defender algo que después no voy a poder defender sostener en un juicio. Entonces, la primera cuestión es mantener la imparcialidad.
Y eso es lo que en realidad actúa como barrera en los casos mediáticos. Yo no me puedo dejar presionar por los tiempos de los medios, que son diferentes a los tiempos de los laboratorios. Para los medios, vos tenés que tener un peritaje terminado en 15 minutos. Incluso muchas veces los medios difunden información y eso va en detrimento de la investigación, la entorpecen. Revertir eso es muy difícil. La presión que ejercen sobre los peritos –en mi caso– no tiene eco, pero entiendo que probablemente en alguien sí puede tenerlo.
La justicia también tiene ciertas demandas. Por ejemplo, te piden terminar una reconstrucción en una semana. Algo que es imposible de hacer porque vos tenés que nuclear un montón de peritos, un montón de disciplinas. A lo mejor tenés que traer la camioneta original que se usó en ese lugar para poder ver de verdad los espacios, tenés que hacer una planimetría. Eso no lleva una semana, lleva mucho más tiempo de trabajo. Entonces, si vos lo único que hacés es responder al requerimiento de los plazos acotados de la justicia y de los medios y a la presión de tener que decir algo, no sería una carrera para seguir. Me dedicaría a otra cosa.
Así que trato de que no me afecte. Lo que sí me molesta es la mentira respecto de algunas conclusiones que he tenido en algún momento. Me molesta cuando interpretan una conclusión como si fuera algo partidario. Pero bajo la cortina y sigo con la mía, que es tratar de hacer el trabajo lo más profesional, imparcial y criterioso posible.
IPA: Como docente universitaria ¿Qué desafíos ves en estas nuevas generaciones con tantos cambios que hay en la ciencia?
SB: Creo que los desafíos que más tienen que afrontar los que se reciben ahora tienen que ver con la inserción laboral. No solo desde el cupo sino, de manera más general, de posicionar a la criminalística como una ciencia que de verdad es necesaria para la justicia. Todavía no se sabe qué hacemos y entonces no se considera la participación de un criminalista. Así como necesito un médico legista para hacer una autopsia, necesito un criminalista para interpretar otras cuestiones y necesitamos que nos convoquen antes, en las etapas iniciales de la investigación, no solo en la etapa final en la que uno queda muy ajustado de tiempo y no puede producir prueba porque ya hay un montón de cosas que te limitan.
1.Carlos Vullo: director del laboratorio de genética forense del Equipo de Antropología Forense (EAAF).
Una mirada sobre el caso de Adrián Svich |
Silvia Bufalini fue la criminalista elegida por el equipo de Innocence Project Argentina para el análisis de la causa de Adrián Svich. Al respecto, dejamos algunos apartes de su visión sobre este caso:
“Yo lo que hice fue el análisis de todo el expediente, que contemplaba muchísima información: la autopsia; los resultados de ADN; una inspección ocular en el hotel; se había secuestrado la ropa del acusado, cosas que tenía en el dormitorio donde él estaba. En función de eso, lo que hice fue empezar a leer todo el expediente y ví que existían contradicciones respecto de las evidencias levantadas. Por ejemplo, había un “ADN positivo” para una camisa del supuesto victimario. La víctima lo habría rasguñado en la playa. Pero la camisa estaba inmaculada y las heridas que tenía el victimario no las tenía en el mismo lugar de la camisa que se había analizado”.
“Además, era un escenario en el que había arena, había arbustos y muchas hojas que se desprendían de esos arbustos y que no estaban en ninguna parte de la ropa del supuesto victimario. Entonces, cuando empecé a ver todo esto, noté incongruencias en la vinculación de los hechos, en la vinculación de la evidencia. Es muy difícil que vos puedas entrar y salir de una escena, sobre todo una como la de este caso, muy violenta, y que el supuesto victimario haya salido como flotando sin dejar rastro y sin llevarse nada de la escena del crimen o de la víctima. Es un relato muy forzado”.
Para más información sobre el caso Svich podes leer el caso aquí