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24 de marzo: Los testimonios hacen memoria en la historia y en las calles

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Por Natalia Lippmann Mazzaglia

Yo tenía siete años recién cumplidos y vivíamos en Formosa cuando compramos un reproductor de VHS. La primera vez que fuimos a un videoclub mi madre alquiló “La noche de los lápices”. Había sido rodada en La Plata, nuestra ciudad, y contaba lo ocurrido la noche del 16 de septiembre de 1976. Por supuesto que volví a ver esa película varias veces años más tarde y entonces –en mi recuerdo– creo haberla entendido desde aquella primera vez. Lo que no se volvió a repetir y lo que entendí claramente fue el llanto ahogado de mi madre cuando vio a “Carozo”, su amigo de la infancia, con quien estuvo por última vez en la cola de inscripción a Medicina en marzo de ese 1976. José María Schunk, había sido secuestrado, torturado y desaparecido por la dictadura, algunos sobrevivientes de los centros clandestinos de detención de Arana y el Pozo de Banfield habían dado su testimonio. Él tenía 18 años.

A quienes nacimos en dictadura, nos tocó crecer descubriendo aquello que había pasado mientras dormíamos en la cuna. Muchos prefirieron "resguardar" a las infancias del horror y la vergüenza de la historia y entonces la información llegaba más tarde. 

El 24 de marzo de 1976, en un escenario marcado por profundos quiebres políticos y sociales tanto a nivel local como regional y global, la llamada “Junta militar” integrada por Jorge Rafael Videla (Ejército), Emilio Massera (Armada) y Orlando Agosti (Fuerza Aérea), derrocaba al gobierno constitucional a cargo de María Estela Martínez de Perón instaurando una dictadura cívico-militar caracterizada por crímenes de lesa humanidad sin precedentes en la historia de nuestro país.

En nombre del cínicamente autodenominado “Proceso de reorganización nacional”, aquellos tres se arrogaban de facto el poder proclamando el “propósito de terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo”. Así, con tono moralista, se declaraban caducos los mandatos de la presidenta de la Nación y de los gobernadores y vice gobernadores de las provincias, se disolvía el Congreso Nacional, las legislaturas provinciales, los consejos municipales y se removía a los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al procurador general de la Nación y a los integrantes de los tribunales superiores provinciales, entre otras irrupciones de impacto estructural.

Tras arrasar con las instituciones democráticas, el terror y la represión se instalaban a lo largo y a lo ancho del país. No solo grupos políticos o militancias organizadas fueron el blanco de persecuciones, secuestros, violaciones, torturas, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales. Cualquier manifestación cultural o política; artistas, obreros, autores, periodistas, amas de casa, estudiantes, deportistas, cualquier persona que alzara la voz en contra de la dictadura representaba una “amenaza subversiva” y era objeto de persecuciones. 

El terror silenció al pueblo.  La frase “algo habrán hecho” acallaba cualquier comentario. En los colegios secundarios, en las aulas de las Universidades faltaban estudiantes, pibes, chicas embarazadas. El mejor pronóstico era el exilio, cualquier otra idea de lo que podía ocurrir todavía no estaba al alcance de la imaginación humana. La mayor parte de la iglesia católica -entonces sostenida por el Estado nacional- proponía acudir a la oración y a la fe. Algún que otro religioso señalado de "comunista", era trasladado a una misión extranjera. Representantes de otros cultos tampoco se destacaron por denunciar lo que ocurría.

La gran mayoría de los medios de información, tuvieron un rol determinante para el inicio y el sostenimiento cómplice del golpe, difundiendo mentiras.

De vuelta en la democracia, el presidente Raúl Alfonsín había ordenado en 1983, la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), dirigida por Ernesto Sábato. El Informe "Nunca más"1 era un libro que había en casa, sin colores más que el rojo, para adultos y que en algún momento leímos con horror. Del trabajo de organizaciones de derechos humanos que continuaron las investigaciones iniciadas en 1983 por la CONADEP, se considera que existen 30000 desaparecidos. Todo aquello había pasado a personas como nuestras madres y nuestros padres, podría haberles pasado a ellos, podríamos haber sido nosotras los bebés que faltaban y podían ser nuestras abuelas quienes nos buscaban. 

Me gustaría decir que crecimos con "Nunca más" como certeza absoluta. Con solo hojear las páginas de aquel libro rojo no quedaban dudas de que esas atrocidades no volverían a ocurrir. Nadie lo permitiría. Además, la sentencia del juicio a las Juntas, en 1985 había sido categórica. Habíamos sido el primer país en condenar aquellos crímenes y seríamos el ejemplo para otros países.

Sin embargo, en 1987, una sublevación del ejército argentino liderada por un personaje nefasto, Aldo Rico, puso en jaque la democracia y los avances en las investigaciones y condenas a los responsables de lo ocurrido en dictadura se estancaron con una “Ley de obediencia debida”. 

En diciembre de 1990, el decreto presidencial de Carlos Menem indultó a los miembros de la Junta de comandantes condenados en 1985 y recién en 2007, tras más de una década de lucha popular, la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró la Inconstitucionalidad de los indultos por tratarse de crímenes de lesa humanidad, iniciando una labor incansable de la justicia por investigar, condenar a los responsables y reparar a las familias de las víctimas.

Hasta marzo de 2026, gracias al trabajo inagotable de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, se restituyó la identidad a 140 nietas y nietos apropiados por la dictadura entre 1976 y 1983.El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), continúa su misión de búsqueda e identificación de desaparecidas y desaparecidos. Se encontraron más de 1400 cuerpos y más de 800 fueron identificados. El pasado 10 de marzo, a pocos días de conmemorarse los 50 años de la dictadura militar más oscura de nuestro país, el Juzgado Federal N°3 de Córdoba, a cargo del Dr. Miguel Hugo Vaca Narvaja, informó la identificación de 12 cuerpos recuperados por el EAAF del Centro Clandestino de Detención de La Perla.

No, no vivimos con la certeza de que las violaciones graves a los derechos humanos no ocurrirán Nunca Más. Pero tenemos los testimonios recogidos en nuestra historia, en las marchas, en nuestra memoria, no como refugio del miedo sino como nido y fuente de la fuerza que nos lleve a las calles a gritar, más que nunca: “Nunca más”.

 1-Disponible en: https://www.comisionporlamemoria.org/wp-content/plugins/pdfjs-viewer-shortcode/pdfjs/web/viewer.php?file=https://www.comisionporlamemoria.org/archivos/materiales/Nunca-Mas.pdf&attachment_id=0&dButton=true&pButton=true&oButton=false&sButton=true&pagemode=none&_wpnonce=2860df8d99


Desde Innocence Project Argentina entendemos que la memoria no es solo un ejercicio del pasado, sino una responsabilidad en el presente. A 50 años del golpe, la búsqueda de verdad y justicia sigue abierta. Por eso, hoy más que nunca, junto con todas las organizaciones de DDHH, sostenemos una demanda urgente y colectiva: que digan dónde están.